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04 Mar

Más de la mitad de los hogares tienen una mascota, viviendo como uno más de la familia. Una convivencia en las Comunidades de propietarios diaria en ascensores y zonas comunes. Si bien no se puede prohibir la tenencia de animales a propietarios, sí que se pueden poner unas normas reflejadas en los Estatutos de la Comunidad para la buena convivencia. Además cada propietario deberá acatar la normativa respecto a la tenencia de animales de su municipio.

En Valencia ya hay más perros viviendo en nuestros hogares que niños de 13 años, en concreto 93.282 canes frente a 92.800 niños. Viven con nosotros como uno más de la familia, y se puede decir que en la mitad de los hogares hay una mascota. Similar proporción hay en el resto de ciudades españolas.

Si bien no se puede prohibir la tenencia de animales de compañía de puerta hacia adentro de los hogares, sí que se puede acotar y reglar su presencia, a través de los Estatutos de la Comunidad de Propietarios,  del Reglamento de Régimen Interno o por acuerdos comunitarios en Junta de Propietarios.  Tener unas normas internas en los espacios  comunes de la finca sobre la restricción de uso por parte de nuestras mascotas, como por ejemplo en los parques infantiles o piscinas, y organizando así la convivencia y la adecuada utilización de los servicios y zonas comunes dentro de los límites establecidos por la Ley y los  Estatutos. Pero nunca se podrá establecer obligaciones y prohibiciones de la propiedad privada.

Ordenanza municipal de tenencia de animales

Además de las  normas internas de convivencia dentro de una Comunidad de Propietarios, también debemos de acatar las diferentes leyes y normas municipales, de cada comunidad autónoma y estatales. Como ejemplo, la ordenanza municipal valenciana sobre la tenencia de animales hace referencia a unas normas básicas sobre el cuidado y convivencia en una Comunidad de Propietarios de nuestros amigos peludos:

– La tenencia de animales en viviendas urbanas y otros inmuebles estará condicionada a que las
circunstancias higiénicas de su alojamiento sean óptimas, a la ausencia de riesgos en el aspecto
sanitario y a la inexistencia de peligros y molestias evitables para los vecinos o para otras personas.

– A tal efecto, los propietarios de animales estarán obligados a proporcionarles alimentación y
asistencia sanitaria, tanto preventiva a favor de hombre o de ellos mismos como para tratamiento de
sus enfermedades. Igualmente, los alojamientos serán adecuados a sus exigencias naturales y deberán satisfacerse sus necesidades de ejercicio físico cuando la especie lo requiera.

– El número de animales que puedan alojarse en cada domicilio o inmueble podrá limitarse por la
autoridad municipal en virtud de informes técnicos razonados, atendiendo a las características de la
vivienda y a la biomasa de los animales alojados.

– La presencia en los ascensores y servicios similares de animales de compañía no coincidirá con la
utilización de los mismos por otros usuarios si éstos así lo exigieran. En cualquier caso deberán ir sujetos con correa.

– Queda prohibido facilitar alimentos de forma habitual a los perros y gatos vagabundos.

– Se debe llevar siempre los perros por lugares públicos (incluidas zonas comunes de los edificios) obligatóriamente sujetos con correa.

Los propietarios de los perros catalogados como potencialmente peligrosos (PPP) deberán mantenerlos permanentemente bajo su control, evitando su huida, incluso en el interior de sus instalaciones particulares. Asimismo, para conducirlos por la vía pública será obligatoria la utilización de correa o cadena de menos de dos metros de longitud y no extensible que permita el dominio sobre el animal en todo momento, así como un bozal homologado y adecuado para su raza, que impida la apertura de la mandíbula.

¿Qué hacemos si el perro de nuestro vecino no para de ladrar o genera suciedad y tras varios avisos no rectifica su conducta?

Ante todo, el propietario es el responsable absoluto de la mascota a su cargo, y no el animal. Y por tanto, si vivimos en una Comunidad de Propietarios, debemos respetar unas normas de convivencia lógicas como evitar excrementos en las zonas comunes (y limpiarlo si no se ha podido evitar) mantener limpia nuestra vivienda, llevarlo siempre con correa o controlar los ladridos de nuestro mejor amigo.

Si algún propietario o vecino, tras los pertinentes avisos por parte de la Comunidad de Propietarios continua en sus actitudes negativas de convivencia respecto a su mascota, nos podríamos acoger al art.7.2 de la LPH en supuestos de actividades prohibidas, dañosas o molestas: «Al propietario y al ocupante del piso o local no les está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades prohibidas en los Estatutos, que resulten dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas»

Las mascotas son uno más de la familia, y por tanto debemos de cuidarlas y enseñarles a convivir como tales.

 

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